“Creo que el dominio de Ferrari es específico con esta pista, hay tres que son similares, Mónaco, Budapest y Singapur, empezamos a ver una tendencia. El ADN de nuestro coche hace que sea más estable en los circuitos rápidos, y Ferrari lo está haciendo muy bien en los circuitos más lentos y sinuosos”. Toto Wolff no se equivocó antes del Gran Premio de Hungría, y tanto Sebastian Vettel como Kimi Raikkonen confirmaron el pronóstico. Pero no pudo ser más oportuna la victoria en el Gran Premio de Hungría para las huestes de Maranello y la intensidad que ofrece el actual campeonato del mundo. El triunfo de Sebastian Vettel llegó en mejor momento, sobre todo tras la hecatombe de Silverstone, y con la tranquilidad que ofrece para la pausa veraniega haber frenado a Mercedes.

Porque Ferrari había sido dominado por su rival en las cuatro últimas carreras. Había dudas si algunas decisiones de la FIA (aceites en el motor y flexibilidad aerodinámica) podrían haber dejado tocado el rendimiento del monoplaza italiano. Y porque la evolución del W08 desde Mónaco insinuaba que Ferrari podría estar descolgándose en una pugna técnica con Mercedes que va a durar toda la temporada. Entonces, llegó la pista más propicia posible para el SF70H. Y apareció la madurez de Kimi Raikkonen.

Raikkonen, ganador moral

“Hemos resuelto los problemas, y estamos más cerca de Ferrari en este tipo de circuitos” , afirmaba Wolff. En realidad, no fue tanto en la carrera, ya que las altas temperaturas jugaron en contra del W08. Pero los problemas técnicos con la dirección de Vettel lo enmascararon. El alemán logró una merecida pole con una vuelta fantástica el sábado, y lideró toda la carrera, pero cabe preguntarse qué hubiera pasado de no ser por el colchón de Kimi Raikkonen, protagonista de una gran actuación con la que también pudo considerarse otro ganador -moral en este caso- del gran premio.

Porque no comprometió en ningún momento a Vettel a pesar de tener más ritmo, le cubrió con el ritmo necesario en diferentes momentos de la carrera, y ofreció al equipo desde su monoplaza la visión de un piloto maduro y experto. “Cualquier decisión que toméis, no me pongáis bajo presión y amenaza de los Mercedes sin razón”Famoso por sus mensajes por radio llenos de exabruptos, Raikkonen lanzaba uno magistral en esta ocasión: “Haré lo que digáis con Vettel, no le atacaré, pongo todo en vuestras manos, pero no me sacrifiquéis de manera absurda”  vino a decir, salvando la cara al equipo y a su propia dignidad. Y cuando Hamilton se lanzó a la carga después de que Bottas se lo permitiera, allí estuvo Raikkonen para parar el golpe. Y Ferrari se llevó el segundo doblete de la temporada, como en Mónaco.

Alonso y Sainz volvieron a brillar

En el caso de los españoles, Tanto Fernando Alonso como Carlos Sainz brillaron de manera especial en el Gran Premio de Hungría, optimizando al máximo sus opciones para sus respectivos equipos y logrando el mejor resultado que sus respectivos monoplazas son capaces de conseguir. El sexto puesto del piloto español fue uno de los mejores resultados desde que llegara a McLaren (con el quinto de Mónaco del pasado año) aunque suscita más añoranza que satisfacción. Porque no es el sitio de Fernando Alonso, por mucho que quiera celebrarse.

McLaren tiene para Mónaco, Hungría y Singapur tres balas de plata. En la primera el español no la disparó por las 500 Millas de Indianápolis. En la segunda, Alonso no la desperdició. Su vuelta rápida con el monoplaza de menor potencia de la parrilla nos recuerda otra vez que la Fórmula 1 está desperdiciando un talento extraordinario, que brilla a poco que el material le ofrezca la menor señal de competitividad. Alonso lograba su primera victoria en esta pista en 2003. Catorce años después resulta sorprendente que sea capaz de mantener semejante hambre y competitividad. Y tan elevado nivel de pilotaje. A pesar de tantas frustraciones.

Carlos Sainz sufrió en sus carnes que Alonso no estaba dispuesto a perdonar a cualquier rival a su alcance. Mercedes, Ferrari y Red Bull nunca lo estuvieron. Maestro y el discípulo en apariencia, aunque Sainz le tratara de igual a igual en los primeros compases de carrera. El piloto de Toro Roso confirmó que el monoplaza italiano por cuarto año en 2018 se le ha quedado corto. Con su sensacional ritmo a una vuelta y su consistencia en carrera, Sainz sigue haciendo méritos para que Renault termine por convencerse de que vale la pena pagarle su contrato a Red Bull. Porque en el Gran Premio de Hungría, en el cuerpo a cuerpo con el que sacaba a Fernando Alonso fuera de la pista, Sainz volvió a demostrar que su actual equipo ya se le ha quedado pequeño.

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